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martes, 30 de junio de 2015

La verdad es a la realidad actual un atentado, un acto de terrorismo


Por Alvaeno



Instaurados en la nueva dictadura del poder económico del mundo encabezado por el FMI, y en Europa por el BCE, además del citado en primer lugar, y sometidos a sus dictados, no nos queda más remedio que retomar a Thoreau, y ser desobedientes civiles porque: “el gobierno no debe tener más poder que el que los ciudadanos estén dispuestos a concederle, y en el caso de que no sea así hay que pedir la abolición de todo gobierno que atente contra el bien común, o lo que es lo mismo, ponga en riesgo el bienestar y la vida de los ciudadanos”.  

Tomo prestada la frase que nos indica cómo ser desobedientes y porqué: “Un gesto de “desobediencia civil”, de quiebra consciente de la legalidad, de insumisión, de rechazo público, pacífico y notorio contra un Decreto-Ley que no puede obligar, por su ilegalidad. Ante un Gobierno controlado por los especuladores, capaz de responder con armas a las discrepancias con trabajadores desarmados, cabe la desobediencia civil de quienes promueven una sociedad solidaria contra las leyes y normas que combaten la crisis empobreciendo a la población y disminuyendo su salud, y su calidad de vida”.
Hace tiempo escribía sobre los nuevos métodos de guerra establecidos por las grandes corporaciones, y decía que ahora la guerra ya no se realiza como antes, sobre todo en occidente, otra cosa son las guerras creadas por occidente en parte de territorios orientales, que siguen, por decirlo de algún modo, siendo “guerras clásicas”, que se libran con armas, fabricadas éstas por el mismo occidente que defiende conceptos como la paz, y la democracia, cuando en el fondo atenta contra esa paz y esa democracia.
Son tiempos en los que la lucha debe librarse de manera que al pueblo (que desconoce su poder, por propia ignorancia y desidia), se le informe, y se le haga ver la fuerza de ese poder que posee cuando se agrupa y lucha en pos de un mundo mejor, y ante leyes injustas (véase ley mordaza en España), hay que rebelarse de forma pacífica y no aceptarlas.

También hace tiempo escribí un pequeño manifiesto en el que apuntaba ciertas acciones que cada ciudadano y ciudadana puede llevar a cabo para “destruir”, llevando a cabo acciones pacíficas, el sistema establecido por esas grandes corporaciones que maniatan a la política, a la justicia, a todo organismo público y al pueblo con el fin de conseguir sus objetivos: “el sometimiento de todos los ciudadanos y ciudadanas para enriquecer a sus accionistas”.

No cabe duda, que tanto el FMI como el BCE, y los gobiernos, o una parte de ellos, en Europa, están llevando una guerra encubierta contra los más desfavorecidos, las clases obreras, a las que pretenden sumir en un estado de precariedad inadmisible en estos tiempos, por tanto, es el deber de todos responder a estos atentados (véase terrorismo de Estado), y combatir en esta nueva forma de guerra, con nuevas formas de rebeldía, haciendo que cada ciudadano, y ciudadana, desobedezca civilmente ante la injusticia.
Retomo aquel manifiesto y lo trascribo en este artículo para aportar mi granito de arena, y que conste que yo ya he puesto en práctica algunos puntos del mismo.
Vengo haciendo un estudio sobre la reacción que el poder tiene ante estos actos, y siempre intenta prohibirlos. Por eso yo abogo por un cambio en el pensamiento y en la cuestión de manifestarse. Si como derecho éste se nos prohíbe estamos en la obligación de buscar otras formas de mostrar nuestra indignación, sin que ellos puedan interceder con sus legajos y permisos. La única forma en estos tiempos de hacer revolución es hacerlo silenciosamente, esto quiere decir que tenemos que dejar de participar en el engranaje que mueve el capitalismo y a esta sociedad consumista. Para ello debemos de comenzar a crear una sociedad paralela, agrupándonos en asociaciones, comunas, creando una red de acciones para acabar con el capital: Tenemos que dejar de alimentarlo.

Esto es:

NO CONTRIBUIR CON LOS BANCOS (sacando el dinero si se tiene en ellos, no pagando los préstamos...)
NO IR AL TRABAJO
NO LLEVAR A NUESTROS HIJOS A LAS ESCUELAS.
NO IR A LAS UNIVERSIDADES.
NO USAR COHES.
NO CONSUMIR EN LOS GRANDES CENTROS COMERCIALES.
¡LLAMO A LA DESOBEDIENCIA CIVIL COMO ÚNICO MODO DE CAMBIAR EL MUNDO, ENTRE TODOS PODREMOS HACERLO!

La Desobediencia Civil y un cambio en el pensamiento en la sociedad pueden transformar el mundo. No se trata de volver a la prosperidad, craso error.
¿Qué ocurriría si cogemos lo mejor del hedonismo y del utilitarismo y con esto construimos un mundo justo?
Si conocemos las razones del fracaso económico, ¿por qué no dejamos de basar nuestras vidas en este factor?
Entender el mundo y la vida de los hombres en él desde otra perspectiva no destructiva y en equilibrio con las fuerzas de la naturaleza...
Hemos fracasado en el aspecto material, no fracasemos en el humano.

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