Letras tu revista literaria

jueves, 25 de octubre de 2012

Tómalo con soda


Por Maritza Luza Castillo


 Con el título bajo el brazo y un timón por delante, enfrentan la vida muchos  graduados profesionales. Si bien es cierto el trabajo dignifica a la persona, indigna y subleva el oficio improvisado al universitario con justas aspiraciones. Todos tienen derecho a realizarse mediante el estudio académico. Para ello se invierte dinero, tiempo y sueños. No obstante, a veces no se llega a la práctica. Y no se alcanza sencillamente, porque se carece de un puesto laboral en el cual desarrollarse.
El ex presidente Alan García, subrayó que Lima goza de los taxistas más ilustrados de toda Latinoamérica. Habría que añadirle a la tesis también la sufrida Europa recientemente golpeada con la crisis económica mundial. Un buen ejemplo lo encarna España quien redobla el ajuste solicitando a la Unión Europea 102.000 millones de euros hasta el 2,014 como parte del reclamo del bloque de reducir sus exigencias sobre el déficit fiscal español.  Este claro síntoma infiere, que la clase taxista también se incrementa lastimosamente en la madre patria. Entre ellos encontramos: psicólogos, arqueólogos, psiquiatras, médicos, periodistas, cada uno con un ojo en la pista y una historia ácida que compartir con sus pasajeros. Pero el asunto radica en no hacer una imprecación de su propia vida.  La situación pasa por evitar sucumbir a la falta de ofertas. Mucho menos someterse a la sepultura virtual concebida por el hoyo negro del desempleo. En consecuencia, la derrota laboral no es la capitulación del ser. La trama transita por poseer la capacidad de cambiar la página, y ser artífice de su propio bienestar. Sí ya se vivió lo malo, es tiempo de ir por lo bueno.
Existen casos en que la signatura Taxista, es asumida como un diálogo constante con la vida. Un diálogo cuya agradable atmósfera disipa nubarrones creados por una formación académica de primera. Estos seres que no permiten que el alma se le oprima,  se convierten en ánimo y aliento porque son guerreros. Dichos individuos jamás cargarán un infierno portátil. Ellos lo combaten agregándole una cuota de soda al día a día.
La existencia en ocasiones es confusamente peliaguda, pero trasponer el umbral con un corazón vigoroso, desestima la oscuridad y produce el efecto del minero alumbrado por el oro. Un ser de luz.
 
                                                                              
  

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